Entonces dormiré. No siempre tan serenamente como quisiera, pero lo haré, seguro. Reposará mi cuerpo y elevaré mi espíritu, a la noche, con o sin luna, debajo del cielo siempre. Pondré en reposo mis sueños y buscaré más, recostado entre las puntas de una luna que sabe achicarse y agrandarse; que se ausenta o se hace presente según sabemos, pero llenándome de asombros siempre.
Entonces nada me perturba, duermo profundo y plácido, buscando más. Súbito despertaré, reposado, con el alma inquieta; la que siento, con la que aprendo a sentir, según el cuenta día, por fracción, llena de olvidos en su memoria o con rastros de lo soñado. Alma con huellas en las arenas que se peinan con el viento y con el agua o despeinamos con faenas nuestras.
Levantado, emprenderé la ruta de siempre, la de la vida, hasta agotarse, llena de gracia, más que con su ausencia, aunque con frecuencia no nos parezca. Dando gracias y convencido de lo sentido. Abrazaré lo amado, en tanto me sea posible con mis brazos llenos de antojos "el tiempo y el espacio tendrán que resolverse… de eso estoy seguro..." También aseguro la muerte, esa delgada y frágil menbrana que como himen cruzará quien primero parta.
Antes, siempre que pueda, huiré agotado al reposo, al de la vida, huyo con desespero por lo perdido, lo no encontrado, por la angustia de no dar más de lo que he dado y por no tomar todo cuanto estuvo ahí, dispuesto para mí y no supe aprovechar. Entonces huyo de las cosas que no me alcanzan y no me alteran, no me afectan, me dejan ser el mismo de siempre; no me compran, no me agraden ni me agredan.
Huyo de los rieles que siguen otra vía, la de los ruidos y la de escombros. Huyo también de la propia vía, la de mis rieles rotos, no reparados aun, la de los tramos sin estaciones. Me escapo con la duda de no saber a dónde se conducen otros; aquellos que van seguros, los que parecen estarlos, aquellos ilusos que suponen como yo, y quienes equivocadamente y sin saberlo van en sentido contrario. Me inquieta saber que huyo, con la curiosidad de ver a quienes en espera aparente, parecen no moverse, se quedan quietos, inertes, como esperando algo. Huyo de todo cuanto se mueva, aunque me mueva con ellos, o irremediablemente me acerque a ellos, les roce o inexorablemente me estrelle con ellos.
Antes, siempre que pueda, huiré agotado al reposo, al de la vida, huyo con desespero por lo perdido, lo no encontrado, por la angustia de no dar más de lo que he dado y por no tomar todo cuanto estuvo ahí, dispuesto para mí y no supe aprovechar. Entonces huyo de las cosas que no me alcanzan y no me alteran, no me afectan, me dejan ser el mismo de siempre; no me compran, no me agraden ni me agredan.
Huyo de los rieles que siguen otra vía, la de los ruidos y la de escombros. Huyo también de la propia vía, la de mis rieles rotos, no reparados aun, la de los tramos sin estaciones. Me escapo con la duda de no saber a dónde se conducen otros; aquellos que van seguros, los que parecen estarlos, aquellos ilusos que suponen como yo, y quienes equivocadamente y sin saberlo van en sentido contrario. Me inquieta saber que huyo, con la curiosidad de ver a quienes en espera aparente, parecen no moverse, se quedan quietos, inertes, como esperando algo. Huyo de todo cuanto se mueva, aunque me mueva con ellos, o irremediablemente me acerque a ellos, les roce o inexorablemente me estrelle con ellos.
Huyo con las manos vacías y sin guantes. Con poca ropa y con poco peso. Aunque huya de prisa, sereno descanso. Viajo con la piel, la que ostento. Despierto distraído de gran parte del mundo que conocemos. Vivo cerca, dentro o muy próximo a la parte del mundo que concibo y de otros mundos, tal vez, de los que encuentre mientras huya.
No hay comentarios:
Publicar un comentario