jueves, 26 de agosto de 2010

Algo entre dos




Si bien cambiamos y crecemos -eso creo-, maduramos y nos hacemos diferentes, hay una esencia que queda, una impronta única, que permanece y parece quedarse intacta. Dice Benedetti... he conservado intacto tu paisaje... puedes venir a reclamarte como eras.... me sucede contigo. Tal parece que nada pasó; entre ese tiempo aquel, en el que éramos estrechos, livianos y sobrios de juventud y este tiempo de recargos, con más peso. Con la mocedad vivida y sentida por dentro como una camisa de traje formal.

Al verte de nuevo, siento que nada ha pasado entre esos dos momentos, aquel y este. Retomo mi clase buscando el mismo pupitre donde me sentaba recostado a la pared, desde donde, ya no de reojo, te miro absorto y desde donde, hoy, con alevosía, pretendo alcanzarte. Toco tu mano en un saludo y aun sabiendo, que no es la misma piel ni son los mismos adornos, la sangre hierve igual, a la misma temperatura que evapora y condensa lo sublime.

De tus ojos negros, salen las mismas chispas, la misma mirada parece verme, con cara de sonrisa perenne, de donde mana sin miseria, mostrando en cascada, toda el agua que mis ojos ávidos beben. Casi surgen las mismas palabras, no se puede inventar otras, todo lo básico está creado y nada puede ser improvisado, sin embargo esa impronta personal invita a cotejarse, a mostrar el lado encantado que cada uno tiene, montar sobre rieles los vagones, de un tren por estrenarse, con las cualidades descubiertas y a abrir las cajas con aquellas que están dormidas.

A pesar de no existir deuda alguna, este encuentro parece como una cita de pagos pendientes, a la que acudimos de buena voluntad, con mucha discreción y sin la asistencia de nuestros abogados, con todo el ánimo de saldar deudas y dudas.

Me embriaga la sensación que sí, todo es visto y sentido en forma positiva, todo señala que este encuentro tiene causa; un contencioso benigno. Alguna asignatura pendiente nos queda por ver juntos; sentarnos uno al lado del otro, firmar la planilla de asistencia, prestar atención, participar del debate, conformar un grupo de trabajo, entregar sendos reportes y someternos al rigor de las normas establecidas por la institución.

Ah, pero el recreo es nuestro, ese tiempo libre, es algo entre dos y ahí de seguro la piel se siente desde abajo, por dentro. El aire se sorbe por el mismo pitillo, los latidos son de culo e ´puyas en pleno Barlovento. La plaza, el parque, la fuente de soda, están llenándose de besos como si se inflara un globo. Las reglas son un conjunto de normas escritas en hojas dentro de un sobre cerrado, que podemos dejar olvidadas, muy a propósito, para no cumplirlas, para vivir una agenda libre y sin términos. En fin, siendo un asunto entre dos,  debe ser resuelto, de a poco, de intenso, de denso, de hondo.

Algo entre dos, resolviéndose como disolviendo un soluto en su solvente, dentro de su recipiente. Afuera queda el resto, sin testigos, se consume en un proceso inédito de reconocimiento y de atrevimiento.    

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