jueves, 26 de agosto de 2010

Futuro

El futuro es una ventana abierta por la que paso al vencerse el hoy hasta que, inexorablemente, me entierre en el ayer y se me archive. Sin embargo, esa ventana abierta nunca se cierra, queda así, tal como estuvo, como se encuentra hoy. Queda para los que siguen y para quienes aún no han llegado; vienen, se incorporan y transitan caminando hacia esa misma ventana. Pasan como pasamos nosotros; cansados al final de la jornada, risueños, consternados, agobiados, felices, agradecidos, con expectativas, con fe o sin ella, con sueño, con hambre o satisfechos, con esperanzas, con dolor, con angustias, con temor, con compañía o en soledad, con optimismo, con amor, con rabia o con resignación, en fin con suficiencia y con carencia, con conciencia y con ignorancia, con lastre y lodo o llenas las manos de redondos globos, sin dinero o lo que alcance, con antojos, con lo que vean mis ojos, con pactos y contratos o de polizonte de a ratos entre límites y fronteras, advertido o inadvertido, sigiloso o lleno con todos los ruidos, de traje casual o en pijama y corbata, de fiesta y funeral, de civil o… incivil, de antaño o postmoderno.
Puede que yo, ahora, solo enfoque al futuro, desde la inmediatez de la ventana que más próxima está entre este hoy, -este ahora- y las pocas horas que se requieren para despertarme en el mañana. Puede que vea el hueco de la ventana, tan estrecho como un postigo y sólo me sepa mirar trasvasando el umbral, sin saber quien antes o después continúe. Puede que me enfoque con un catalejo tratando de ver la última ventana abierta, como primicia de ser el primero, quizás el único o tal vez el último testigo en ver el fin, un cartel que diga “Hasta Aquí”.
Puede que mi enfoque sea otro, más elevado desde donde pueda ver la retahíla de ventanas alineadas como fichas de dominó, que se van tumbando al pasar, pero que desde donde esté, vea incontables piezas sucesivas sin apreciar contenido, ese enfoque me aburre. Puede que me abrume el saber que restan pocas ventanas por ver; pocas para mí, para ti, para todos y contamine el día de hoy -esta hermosa mañana de hoy- con sombras sin valor. Puede que vea el futuro como un amplio ventanal por donde todos pasamos, con las excepciones de siempre, el saldo a pagar, siempre menos de un diezmo, y con el enigma en el error que se queden algunos que merecen pasar y que pasemos otros, que tal vez…
Mejor me recompongo y me dispongo a vivirlo este día; con ganas, sin importarme si ese cartel existe o si está cerca. Mejor me bebo mi futuro ahora, y me lo bebo contigo, para siempre. Uno si piensa guevonadas.

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