jueves, 17 de febrero de 2011

Ipso Facto


como una flor
Ayer, miércoles de febrero, estando en tránsito, como en esta vida, cercano al tráfico y al ruido urbano, casi hostil, recibo en silencio un mensaje que luego advierto, una sonora y cálida invitación de quien recién despierta en su única jornada de descanso, retozando desde los sueños se da al mundo abierto y me pide en franca confianza que le ayude a estar con ella, que le acompañe a otro tránsito, el del placer de la auto satisfacción plena, que recién inicia, dando respuesta a cuanto su cuerpo clama.
Hace un paréntesis a sus otras ocupaciones y a sus muy precisas preocupaciones para anunciarse así misma que existe, que vive y siente, que hierve por dentro y pide quemarse. Que desea un breve espacio de intimidad que le confirme en su condición de mujer, de ser una unidad deseosa de verse en juntas, mostrando su arte, su vigor y dejarse caer en su expresiva resolución. Esa sensual manera de ratificarse en juego, pese a la sequía que como circunstancia ajena le puebla.
Sin compañero en cama, sin nadie en la tribuna, esa voz quiso verme, pidió ayuda para que en la destreza de la urgencia, viera liberar las maripositas que le llenan desde el vientre toda el alma.  Llega a mí el llamado de la flor para liberar el polen dulce que activa de entrada mis salivares.
Leo el texto, me engolosina el llamado y emprendo vuelo, salgo ipso facto en la mirada a llevar fuego y agua para armonizar las llamas y regarlas hasta que solo quede la piel fresca y relajada. Vuelo sí, pero a un modo discreto, las circunstancias pequeñas e inmediatas me son hostiles para ese hermoso propósito. El resto pesa. Pesa el cuerpo y la ropa y no les puedo dejar a la deriva en tierra, asumo la responsabilidad que tengo para con ello y para atender las nimiedades rutinas y las tareas trascendentes que aspiro cumplir. 
Busco el control para poner pausa al entorno y respondo al llamado. Hago silencio visual mientras oigo y escudriño en la voz, el gozo vivido. Hablo, algo digo y sé que llego, sin estar presente a tu lado, pareciera que todo lo hubiera visto y sentido, la escena del crimen está intacta, siento el color termográfico, todas las evidencias encausan lo acontecido en  el torrente vertido; la sábana y el lecho, el aire cálido y su fragancia, la tenue luz y el poco ruido externo. Ese crimen se dio, y no fue posible evitarlo, para lo cual solo bastaba hacer presencia y morir juntos.
Sin embargo, ese acto fue lícito, fue en defensa propia y además justificada la sentida alevosía que quedó grabada en tu llamado. El rubor en las mejillas y en la tímida voz las hermosas sonrisas que pude escuchar; esa visión del éxtasis sentido me baña el cuerpo y me moja la piel hacia adentro. Me contenta saber que has dado pasos desde la cama al aire y desde ahí, sales de tu cuarto, liviana, volando la tarde, al compás de las aves que se dejan ver en el cielo que me cubre.
Me quito el sombrero y hago la debida reverencia. Admito que el ejercicio ha dado fruto y lejos de morir algo en el crimen, ha dado vida alegre a tu ser y me alarga el sentir. Espero estar más cerca.

martes, 15 de febrero de 2011

Diez años atrás

Los dioses deben estar locos

Junto a los dioses
hicieron una fiesta y me invitaron
mejor;
fui parte esencial
me sentí homenajeado
sin saberlo; fue así.
Compartí plenamente el evento
me dejé llevar por los aires divinos
y solo ahora recupero en parte mi cordura
Han de estar locos mis dioses
bueno, lo digo por la fiesta, por su trato, lo informal en todo
lo inmensamente humano.
Sentí oportuno sus gestos
hubo manifestaciones ciertas de afecto
abrazos solidarios
miradas gentiles, sublimes aires,
fue una actividad celestial
en el Palacio de sus Eventos.
Me sentí felicitado como nunca.
Y yo;
¿y esta vaina es que?,
no entendía?, … pensaba?…., decía!!…., no sé?…
pero crean, fue real, nada virtual, no hubo ni alcohol ni hierbas
estuve en el Olimpo, fue fantástico, fue un estadio superior humano.
¿Qué hice para merecerlo? pregunté
se me dijo
que se trataba del modo particular de observarte,
de tratarte, de aprehenderte, de sentirte agazapado ante tus árboles, sin talarlos
de respirarte a la distancia sin plagiar tu piel y aroma
de tenderme en la calzada, frente a tu césped a contemplarte con mi luna
de hacerme de tu paisaje sin perturbarlo
de sanarme en ti
de construir contigo, más bien diría por ti
(aunque ni lo sepas ni te inmutes)
amplios puentes encantados
que vinculan los tepúes de mi vida con tus ojos
si, con esas ventanitas
que con frecuencia casi cierran sus postigos
a los que admirado observo;
Así de empinado
por esas tus ventanas admiro;
Ah, esos valles, ¡que ríos!, que escarpes!!,
paredes así inclinadas (fíjate) moteadas de siempre verde
aguas mansas traviesas
ríos parados que salpican multitud de notas y colores
cuyas gotas saltonas arco iris
empañan el cristal de esos tus agraciados ojos negros
escondiéndome a la mimosa luna nueva, cambiando de traje.
Mis dioses no están locos, me devuelven la cordura
que me permite entender del mundo lo que contrasta con lo hermoso
procurarle bienestar a ese mundo
Implica tomar de ti lo sublime y esparcirlo
ardua tarea que intento resolver, si me dejas
con mis dioses, contigo y con estas mis nobles cosas
intento limar lo agreste.
Y desde dentro se oye
y como un lobo voy detrás de ti, paso a paso tu huella he de seguir

De Tan Lejos

De tan lejos 01 de Marzo del 2018

Mi Ilusa:

Ah, que de tiempos, supongo que habrás recordado quien soy, apenas se activara tu Screen Peace Be II, anunciándote que tienes en el buzón esta comunicación, que si bien fue escrita en mi antigua PC, Pentium XII, seguramente no le estés leyendo, sino escuchando, asignándome una voz artificial por defecto, que no ha de ser para nada similar a la mía, a la que tuve cuando te conocí  ni a la que tengo ahora. Lo cierto es que después de muchos años -exactamente 18-, se de ti y me decido escribirte,  anunciándote que por este lado del mundo existo y que tu imagen, aquello que llamaba entonces Holograma, permanece activa y de vez en cuando se proyecta gigante contra la luna. Celebro conservar,  la visión, la capacidad contemplativa y de éxtasis respecto a ese pedazo de roca amarilla que una vez me disputaste.

tan dura como la roca que no abate el mar
Me gustaría mucho que me pares un momento, más o menos grande, porque, tal y como te anuncié hace tiempo, me decido a escribirte esta extensa carta -perdona lo obsoleto del término,- por ello, si estás muy ocupada, interrumpe este momento de audición y retómalo cuando dispongas mayor tiempo y ganas. deseando además que tu buen humor esté activo. Luego, quiero aclararte las razones por las que te escribo, siguiendo las pautas de un guión más o menos riguroso que quiero hacer, esperando me acompañes por este viaje de la imaginación en el que tan siquiera espero divertirte. Intentaré, hacer una fiel descripción tuya y de todo cuanto recuerde respecto a ti y tu entorno, al menos aquellos que me son más gratos, sin embargo por antonimia, también diré las cosas que menos me agradaron, exagerando como siempre o con sutiles tonos de de ironía, pero siempre, siempre con la intención de divertirte. Por último, haré un cuadro comparativo, dramatizado a veces, de las situaciones que me eran domésticas entonces, y en las que por ti, contigo o sin ti me hacían sentir vivo, como ahora, solo que 18 años menos, lo cual es de un peso notorio.  
A ver, te  recuerdo con tu cara seria y bien plantada, segura de ti y de tus actos. Muy llana de argumentos, desarmando a quien pretendiera u osara llegar cerca, es decir, cual efectivo policial, mantenías a raya a cualquiera. ¿Cómo llegue a ti entonces? como pude apreciar de cerca ese rostro y al cuerpo que lo sostiene. Aun recuerdo la cara de asombro, el signo de interrogación cuando me viste sentado placidamente en tu casa, como esperándote, como indagando más y conociendo de cerca tu habitat. Ese poema no me lo pierdo, no lo olvido y cada vez que reviso recuerdos tuyos, lo consigo así, sin editar y con millones de pixel, para ampliarlo y hacer recortes en primer plano. Como de veras me divertió verte asombrada, de saberme ahí con tu perra sin ladrarme y muy cerca de tu mami, compartiendo unas heladas cervazas. Heme ahí, desafiando a la ley... (continúa)         

Mi Carta

"Te vi
juntabas margaritas del mantel
ya sé que te traté bastante mal
no sé si eras un ángel o un rubí
o simplemente te vi…" Fito Páez
Migra Alana
No mi amor, así no. De este modo no avanzamos. Así solo pasamos de una actitud crítica, beligerante, a otra fase de inercia, de vacía conducta que deja de lado, cuanto pueda hacer el amor por ambos, estando juntos o separados, pero dejando que él nos crezca por dentro en favor nuestro.
En primer lugar, reconociéndonos en todo este tiempo juntos, lleno de contenidos, muchos de los cuales han sido inéditos pasajes de abandono benigno. Abandonarme me refiero a eso de darme entero, confiando en ti, de entregarme a ti, desnudo de mucho, sino de todo, a eso llamo abandono.
Eso de recibirte, luego de atreverme a explorar las sendas que inventara el enamoramiento que sedujo tu noble corazón, desde mi primitiva inspiración jocosa, con el rico juego de palabras que se fueron armando para ti. Esa manera tan especial con la que te diste, desde esa mirada de acertijo que dibujó en tu rostro la primera pregunta que se plasmó en una hojita de notas sobre la mesa que nos reunió -¿recuerdas?-.
Desde ahí, hasta hoy han sido muchas lunas, muchas preguntas fuimos a coro respondiendo y las respuestas salían solitas, elocuentes, dispuestas como un mazo de barajas. Aparecieron desde el desconcierto inicial, hasta la enorme confianza ganada. Así, llenamos talonarios, todos los formularios de distintos formatos se fueron resolviendo, como un scrable, juntando letras, fuimos llenando el tablero y nos mezclamos más, nos vimos tan cerca que juro me he visto en ti, y tú muchas veces te identificas conmigo. Así, desde el elocuente discurso al antiguo lenguaje de señas, fuimos aprendiendo el lenguaje de los gatos. Nos fuimos quedando mudos arribando a esta edad de silencios.
Así, hasta hace poco, no preciso cuando dejó de ser, cuando se atascaron las agujas del reloj y el tiempo dejó de avanzar en su lógica marcha y entre trasnocho o ausencia de amaneceres se nos volvieron vil rutina los días. Desde la prosa ligera y de los versos perfectos, pasamos a los enormes discursos y profundas disertaciones,  luego las contracciones gramaticales nos llevaron a las frases entrecortadas y a los seguidos puntos, así llegamos al común ajá y a los gestos en la cara. Sin embargo, la piel conversa nunca dejó de hablarse y de entenderse.
No preguntaré que pasó… Tú y yo sabemos. Enumerando de arriba a abajo, desde la izquierda, o en orden alfabético, de cualquier forma, ambos podemos decirnos cuanto pasó. Aun más; podemos enumerarnos por gusto desde lo soterrado a todo cuanto vive en el aire, lo que no puede caer por liviano y por excelso.
Por ello, el punto no es lo pasado, lo sentido; lo dolido que contrasta con lo enorme, ese grandioso templo que hemos hecho y habitamos, ese especial aporte que nos dimos, supremo, aun con todos sus sótanos y túneles. El punto es que todo eso cabe en algo; en el discurso, en los papeles escritos, en los mensajes con suspensivos puntos, en los mail, en las conversaciones, en las disertaciones juntos que sumadas a los monólogos de ausencia, a los actos reflexivos, que nos han movido de popa a estribor, desde la dermis profunda al cuero cabelludo y hasta los dientes y las uñas.
Todo lo anterior cabe en algo –digo-, así ocupe una extensa canasta con papeles e imágenes, o comprimido valga en memoria mucho más de un terabyte en palabras. Me refiero a lo vivido, lo compartido, todo lo que corresponda formalmente a un expediente, nuestro expediente. Claro que algo es capaz de contenerlo, de resumirlo y archivarlo.
Lo que me trae a ti por este medio, no es lo pasado, es lo que está por venir. Es ese porvenir infinito el que me centra, me lleva a ti, cual Roma, me acelera en la física de centrípetas fuerzas, me lleva a caerme irreversiblemente sobre tu verdad, como la luna rueda sobre la tierra. Esa forma mecánica de rodar a través del tiempo, para vivir lo que se nos ha escapado, para sentir, allende lo pasado, para alcanzar nobles propósitos, para mejor acompañarnos, para saborear el dulce añejo de cuanto falta por ver y por vivir. ¿Se trata entonces de hacer conciencia de lo vivido? No, no lo sé.
Se trata de no perder la enorme oportunidad de viajar juntos cuanto resta, convencido que eso, que no es un expediente cerrado, nos hará brillar mejor, no más, sino mejor. Que ese itinerario hacia adelante, luce atractivo hacerlo juntos, viviendo lo que no puede ser comprimido ni comprendido a solas. Tal vez, el entusiasmo de otras compañías, sirva de consuelo y de veras reconforte, tal vez, mordiendo el peine de la aventura, nos distraiga tanto o menos como la ilusión de hallar más. Nos queda entonces la duda, entre lo más y lo mejor.
Siempre quisimos más, siempre nos hemos querido, aun en estos tiempos de sequía, golpeados por el inclemente sol de quejas y lamentos, no dejamos de reconocernos en el amor sentido. Siempre hemos creído que es una torpeza y una lástima perdernos, dejarnos de reconocer debajo del tapete oscuro de una noche sin luna y jugar a identificar constelaciones, enredándonos las piernas entre ascendentes signos y retrógrados planetas. Siempre supimos reconocer que cada velada juntos fue única, parecida tal vez a otra, pero irrepetible.
Anduvimos entre lo vivido y lo soñado, entre lo posible y lo apetecible. Disertamos mucho en las tantas resoluciones juntos, nos fuimos de aprendices y risueños saltamontes hasta ser trapecistas y aviadores, tocando el cielo juntos por lo intrépido del sentimiento que nos vive. El amor, como una traviesa y fiel mascota anduvo rondando entre los pies, no siempre advertimos su presencia, muchas veces lo carreteamos, al amor, hasta verle jadear sonoro y bien alto.
Ahora, cuando agosto nos deja sin vacaciones, en estos días de espera a la fecha "de cobro" donde las carencias son notorias. En estos tiempos de ausencia, no aparece la sana conversación matutina que deje opaca la voz de los noticieros, ahora caigo en cuenta que menos me importan los acontecimientos de estas y de otras latitudes, Ahora, entre el venir y estar yendo, de espacio a otros, confundiendo los ruidos de la Tv, la radio y a Fito con su muñeca que regala besos, que estimula la algarabía de los loros vecinos, sentado con un café, te veo venir, te evoco y entras por la ventana;  ligera, sonriente, con tu pelo suelto, con una madura sentencia, que pronostica calma…
Me quedé dormido sobre el teclado, me distraje pensándote. A propósito hubiera querido escribirte como prefiero, a mano, sobre esas hojas especiales que guardas en tu escritorio y con mi viejita pluma solidaria, pero no lo pensé, súbitamente me di a pensar y a escribir este archivo. Recién reviso y leo que enumeraba desde el primer lugar extenso, sigo.
En segundo lugar, luego de esta pausa, en este corto tiempo de muy larga ausencia, solo he conseguido alejarme más, me distraigo en evasivas, son más lentas las insomnias noches, las películas son terriblemente malas y parecen mudas, no les oigo. Vivo la aventura de ir desde la cama, al mueble de la sala hasta la nevera, buscando lo que no hallo, catando cuanto frasco has dejado. No dejo de registrar todo aquello que tiene tu huella. Le doy nueva lectura, las pongo en otro orden y dejo sobre impresa mis huellas. Así me estoy comiendo los días; vengo desde el lunes hasta el domingo abriendo gavetas y ventanas. Riego las plantas con aguas y con palabras. Si me vieras. Mantengo en forma desde el cuarto a la cocina, mucho mejor que lo que veo frente al espejo.  Ah, pero no dejo de sonreír de veras,  por si apareces y además, me veo cómico en estos quehaceres sólo. Bueno saber que el humor no se ha ido y gozo de buena salud.
Sigo, por último, por ahora, por hoy, mientras dure esta espera, en tanto siga la rutina de encierro que sólo rompo buscando la prensa, sacando las piernas de paseo, como si fueran perros al parque, a comprar el pan y otras nimiedades. Digo, pienso, siento que algo está por pasar, algo grande, trascendente; o salgo a buscarte y rescatarte como si fuera una subasta de bienes –donde estés, como estés- o vienes tu a lo que quieras, cualquier excusa es buena. Si vienes será por la puerta grande, a pie y no volando por la ventana  por donde suelo verte llegar.
Me queda el silencio y la espera. Estoy en la banca observando el partido del año, el clásico anunciado, atento y con el corazón agitado por la pasión de entrar en acción, esperando el llamado a incorporarme al gramado para mostrar mis habilidades, jugando con el equipo a ganar, echando el resto.  Presiento la euforia en las gradas que afuera están. 
Reitero el deseo de escribirte despacio, a pulso. Verme pintarte el papel con prosa, doblar las pocas cuartillas que escriba como se hacerlo y ponerlas en un sobre, con tu nombre en orlas y con frases amorosas mías; las que se me ocurran nuevas o de aquellas que otras veces dije. Ponerla en tu mesa de noche, para cuando vengas a buscarte entre mis cosas, como me recuerda Benedetti, querida Alana, sepas que estás intacta en mí. 
Mucho más grave estaré, sino apareces, sino te encuentro. Mientras no se de ti, te hago feliz entre tus cosas, pero pudiera ser que estés a la intemperie y no lo sepa, mucho peor.  Leía contigo el hermoso cierre de ese viejo poeta amigo, adelantado “de que el amor es una bahía linda y generosa, que se ilumina y se oscurece, según venga la vida, una bahía donde los barcos, llegan y se van, llegan con pájaros y augurios y se van con sirenas y nubarrones. Una bahía linda y generosa, donde los barcos llegan y se van, pero tú, por favor, no te vayas”. Apuesto a tu regreso, me declaro triunfador, y si vuelves, gracias a ti, la gloria es nuestra.
J.P.T.

martes, 1 de febrero de 2011

Prisionero

Hola Te escribo mi primera carta desde esta prisión. Te cuento que si de algo me alegro, es saber que desde acá, dispongo de tiempo para hacer algunas cosas que siempre he querido hacer y algunas nuevas, que desde que existes -para mí-, te involucran en mi cosmos. Acá puedo escribir y lo primero que adelanto a hacer es a escribirte y decirte que me permitieron tener esta PC, que estreno con esta carta. Aun no sé como haré para hacerte llegar este archivo y todos aquellos que desde mi fuente surjan y por mi causa, busque para derramarme en tu cuenca.
Espero sigas tan linda como antes, como siempre. Con frecuencia pongo sobre mi “mesa de noche” de frío concreto, tu foto holográmica que renuevo cada día, a la que visto, maquillo, adorno y moldeo con mis manos y mi imaginación. Para vivirte, tenerte de compañía y hacer placentera esta estadía. Este secuestro que aun sin comprender; sin merecer, aunque parezca o resulte culpable. Supongo, no obstante, que poco interés tengas en saber que pasó y como pudo llegar el lodo hasta mi. Invoco de ti comprensión y sé que ahora no me juzgas, tu no. También sé que no me esperas, pero si la justicia llega y me ves absuelto, y la divina providencia me pone frente a ti, me abrazarás entera, en libertad, con todo el gozo que en tu corazón se cultiva.
Por ello y más, no mencionaré nada de las causas que acá me tienen y no comprometeré a nadie ni nada, no será esta vez, que me aplique a interpretar “causas y azares” ni a resolver acertijos legales. Para llegar a ti, por ahora me basta creer que escribiendo ahora, leas luego. Me basta creer, que esta es la vía que me da la única libertad de salir de acá, y sigo la ruta que me conduce a ti, donde estés.
Para llegar a ti, apelo a lo que trasciende, a lo humano, a lo más sublime de los seres que somos, a lo divino, a la esencia de lo que resultamos ser. Apelo sin misericordia a lo vivido, a lo sentido, al gasto del torrente que mana y al desgaste de lo perdido, de lo vertido innecesariamente, a la idea del derroche de los vitales líquidos. Apelo al mero gusto que nos dimos, en apenas meses, llenos de días con sus soles intermitentes, con sus solemnes lunas, con la contemplación a dos vistas del paisaje pleno, que desde el horizonte se nos desplegaba como un atlas a escala real, hasta llegar cerquita nuestro.
En ese mundo, consiente de limitaciones, supimos y vivimos de la magia-magia. La que creamos, la que nos vino desde fuera y se fue juntando a aquella que desde nosotros fue brotando. De lo vivido, de lo sentido de lo alcanzado, de ello vivo y procuraré traerlo hasta este recinto, hacerlo presente para mantenerlo vivo y mantenerme en él con la mejor disposición. Con esos colores pintaré esta casa prestada.  
Te anuncio que procuraré abordarte desde varias perspectivas una, la más ligera, para darme alegrías, para recrearme en el gozo de lo vivido, para sacarme una sonrisa que me permita sentir al mundo en su parte más jocosa y hacer con esa risa una fiesta, aunque no tenga invitados, pero sentirme de fiesta sin importar el día o el horario y sin protocolos. Otra perspectiva, mucho más ligera y más sabia, busca explicarte en mí, saberte desde el origen, bucear dentro hasta encontrar el plancton que te dio origen y aprenderte desde la raíz. Extraer desde adentro el polen que resuelve con magia lo que fui contigo y lo que produjo de vida para quererte como lo hice, como lo hago.
Abordarte con métodos transmutables y lograr en este laboratorio, vacio de mucho, pero lleno de esencias tangibles en la memoria fresca  de días juntos. Procuraré si existe tiempo, invertirle en tratados y escritos que te nombren como fuente exógena que provoque acción y cambios en esta pequeña empresa, de gestión de bienestar integral, que procuro ser. De ese pasto comeré, rumiando en otro tiempo, otro horario las ideas que me asistirán para la absolución que me procuraré, en los formales lapsos de la justicia y en las foliadas hojas que se producirán. Te dejo, es hora de pasar revista y debo estar atento para que el celador no provoque ninguna reacción que perturbe o dañe esto. Debo acostumbrarme a este condominio y a las normas que lo rigen. Besos.