lunes, 14 de marzo de 2011

17 Quinto

Ódiame por piedad, yo te lo pido
Ódiame sin medida ni clemencia
Odio quiero más que indiferencia
Porque el rencor hiere menos que el olvido.

Poco antes de cumplirse un aniversario más de aquel 17, a mi regreso de un largo viaje, desde las tierras a las que nunca te llevé y a las que hubiera querido honrar con tu presencia y con ello halagarte en medio de tanto verde, tanta agua viva y con el sol más grande desde su brillante salida hasta el poniente. A apenas unos días de esa fecha, te escribo estas breves líneas, sabiendo que con muy poca posibilidad llegues tan siquiera a verles, no obstante, dado que se que gozas de buena salud y que vives, ausente de estas latitudes; del centro y del oriente cercano y de los seres que habitamos esta geografía, me doy el lujo de escribirte, como si de veras me leas y me celebres, muy a pesar del olvido y de los amargos rencores que me supe ganar entonces.

Desde mi orilla
Antes de lo peor, mucho antes, algo bueno hubo, algo brilló y nos cobijó, en las densas y diminutas horas de los días y del par de años antecedidos. Haré honor al brillo y dejaré quieto, muy quieto lo amargo, madrugo y tomo el agua clara, que rebosa de los caños de antaño, sin revolverla ni enturbiarla. Bien me ha valido ese escaso tiempo, ese breve paso de cometa por mi esfera celeste y no dejo de recordarle como un logro, el haber tenido visión, haber estado despierto y dispuesto, alzando el cuello para mirar el firmamento y apreciar goloso tu paso. Ese tiempo de amar, donde con certeza -juro- no hubo error, según queda grabado y registrado en tanto que hubo y nos ha quedado.

Más a menos así fue, con sus días, sus tardes juntas, sus noches con lluvia y nubarrones con todo el ruido habido pero con sus lunas gigantes mirándonos al este. A pesar de tantas desavenencias meteorológicas y de los movimientos telúricos que nos zarandearon el piso a ambos, no dejamos de tomarnos de las manos y resistir, aun cuando muchos eventos fueron provocados por nosotros mismos y otros nos encontraban  lejos uno del otro. Con todo ello, fueron muchas las empatías y las sutiles cosas que se dieron entre nos, que saltaron y celebraron desde lo trivial hasta lo complejo y profundo de cuanto somos.

Antes de que el mayor tsunami nos apartara el mar y nos dejara a cada uno en su orilla, antes que se abriera la tierra en dos dejando honda grieta que nos ubicara por siempre incomunicados. Antes tuvimos línea franca, fuimos pasajeros del mismo tren, cruzamos las mismas vicisitudes y compartimos los mismos honores de cada una de las victorias logradas. Vencimos, mucho antes de probar la derrota que nos sacara del torneo. Si, vencimos antes de desaparecer de la liga.

Otra muerte tal vez hubiera preferido, este mi poema conjetural que evoca Borges, pero nada pudo evitar el olvido y la testaruda mudez que nos envuelve. Opté en mi desesperación ante el ahogo, por buscar el odio al olvido, seguí al pie de la letra a Jaramillo, canté el estribillo que encabeza esta misiva, quise inventarme un laberinto que sorteara un final distinto, brincarme la agonía, saliendo erguido como cuando se sale de una sala de cine, luego de un buen film. Busqué el rencor y me hallo con la más vil indiferencia, mucho peor que si la muerte fuera la causa.

Como ves, no se me dieron las cuentas que saqué. No atiné para nada a propiciar el ecotono que debió darse entre tu vertiente y mi llanura. Ni siquiera he visto obituarios  que en tu prensa me den por muerto, es decir que la muerte ni fue causa ni ha sido consecuencia. Respecto a ti, en mis medios locales nada se dice y muy poco se sabe, pero te damos con mucha vida y salud, en las ediciones de los días festivos, en especial los 17,  la línea editorial luce de colores y la semántica elocuente está referida a lo mejor vivido.

Apenas este borrador lo asomo a  tu portal para elogiarte por tanto dado. Enhorabuena que lo peor pasó y en tu playa concurre lo mejor; aguas cristalinas y frescas, arena limpia de ancha berma, sembrada de cocoteros y de sombras de churuatas, cocteles de primera y atención especial perenne, cielo despejada y suave brisa, luna enorme y amarilla carpa y cabaña. Espléndidos platos y suculentos postres. Seres queridos juntos. Música nueva y carcajadas. Ropa alegre y ligera, línea nueva de trajes de baño. Ración de pera verde. Ojo de tigre al cuello, bufandas de Portugal cercana, Juanes para tres, ustedes y yo. En fin de lo vivido lo mejor, de lo olvidado nada y lo que esté por verse y vivirse todo.    

Atrás, muy atrás van quedando los juegos ecológicos, las angustias de las clínicas y de los hospitales, las montañas de sal, los gatos y los perros, las embarcaciones y los muelles, los actos públicos y notorios y los privados y sentidos. Quedan atrás los arribos y las demoras en puertos y aeropuertos, las aduanas y los envíos. No se asientan los registros en las recepciones y si perdemos las reservaciones nada pasa, poco importa. No se si siguen a los disgustos los gustos, ni si el agua sacia la sed, se que sedientos amainamos pasiones y con cerillos las velamos.

Donde estés y como estés si te percatas de esta fecha, si haces conciencia del aniversario, si haces presente el génesis, el polen y el néctar del tiempo juntos y te recreas con lo bueno, aun sin saber de esto ni de mi, como tu acompañante, bien valdrá la gloria haberte recordado y escribirte. En cuanto a mí, siempre me vale bien tenerte de cualquier u otro modo, de este modo. “Debo decirte algo… (sin) mirarte a los ojos.. y tal vez recordarte que antes de rendirnos fuimos eternos…” Ismael Serrano

“Yo quería que nos pasara y tú y tu lo dejaste pasar…”  Coti Sorokin

Honor a quien lo merece

Tu Peque, Migra.



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